La felicidad es un estado interno que puede acompañarte pase lo que pase ahí fuera.

A menudo pensamos que la felicidad es un estado con el que podemos conectar en épocas en las que todo nos va más o menos bien.

Y qué tal si, empezamos a mirar la felicidad como un estado interno que siempre está en nosotros y que puede desplegarse y acompañarnos tanto en los días de sol como en las épocas oscuras de nuestra vida.

Puede parecer contradictorio esto de estar feliz en una época “difícil”. Sin embargo, la felicidad es algo que tu sientes y aunque es fácil pensar que estamos felices dependiendo de lo que pasa fuera lo cierto es que la felicidad depende de ti.

No estoy hablando de sonreír o estar contento el día que te dan la peor noticia de tu vida.

Esto no es felicidad incondicional.

Hablo de estar conectados a la vida aceptando que en nuestros aprendizajes en la tierra caminamos por diferentes escenarios sin que dejemos de ser los mismos en cada experiencia.

Por ejemplo, si un día te despiden de tu trabajo es normal que conectes con emociones como la tristeza, la ira o el desánimo.

Es más, conectar unos días con esto que se mueve dentro de ti te ayudará a transitarlo y pasar al otro lado.

A los dos días, a la semana puedes estar relajado y tranquilo en el camino de encontrar una solución económica que puede ser emprender, buscar un nuevo trabajo…

Y en el proceso puedes conectar de nuevo con la tristeza o el enfado, pero también puedes estar perfectamente feliz disfrutando cada día de compartir con las personas que quieres, de tomar unas cervezas con unos amigos o de ver una película a solas.

Lo que trato de decir es que la felicidad es un estado interno que puede acompañarte pase lo que pase ahí fuera.

Cuando un área o situación de nuestra vida se cae o desmonta, es fácil verse arrastrado por la energía de ese evento y tendemos a oscurecer el resto de áreas poniéndole foco solo a eso que se ha “roto”.


Centrarte en lo que sigue funcionando en tu vida, planear como vas a solucionar la “dificultad” y apoyarte en amigos puede ayudarte a conectar con la felicidad.

Para mi la clave fundamental es la confianza en la vida.

Cuando estoy en algún “túnel” en mi vida me ayuda mucho sentir lo que se mueve por dentro, llorar lo que tengo que llorar, enfadarme hasta sentir que ya me he quedado bien y decirme una y mil veces CONFIANZA en la VIDA cada vez que las dudas se pasean por mi mente.

Sea cual sea la fase en la que te encuentres hoy puedes pensar que va a suceder lo mejor y darle la mano a la confianza para que te acompañe.

No hay como no tener éxito en lo que sea que quieras solucionar si te enganchas con fuerza a confiar.

Y, pase lo que pase, CONFIAR.

Cuando suceden eventos que te descolocan, recibirlos como una señal, pensar que lo que sucede es perfecto para un propósito mayor que aún no ves es una ayuda increíble.

En algunos periodos caminamos sin un horizonte claro, sin ver más allá del presente.

Puede que nos desestabilice eso de no ver más allá.

En esos momentos es clave seguir en la confianza.

Cuando pasan cosas que no entiendes, repetirte todo es perfecto.

Busca tus propios mantras con los que volver a la confianza.

Buscar tu equilibrio personal en medio de cualquier huracán es necesario para conectar con la felicidad incondicional.

Y sobre todo, darte cuenta de que la felicidad es algo que nace de ti.

Es un sentir interno que no depende de lo que pasa ahí fuera.

Cultiva tu relación con la paz y con el silencio.

Date cuenta de como puedes vivir todos los días vibrando esta felicidad incondicional.

¿Se te ocurre una manera mejor de vivir?

Carina Barberá