Nuestra mente es un extraordinario gestor, capaz de desarrollar las acciones necesarias en cada momento.
De forma automática toma el mando cuando una dificultad nos visita sin previo aviso.
Es importante darnos cuenta de que ha tomado el mando.
Nos hace sentir seguros que ella esté haciéndolo todo pero cuando gobierna nuestra vida suele desconectarnos de las emociones y por tanto del corazón.
¿Desde dónde crees que puedes dar lo mejor de ti?
Entre la mente y el corazón, yo me quedo sin duda con el corazón, pues creo que desde este espacio tengo acceso al infinito de posibilidades.
La mente siempre creará soluciones racionales y por el camino nos enseña sus millones de proyecciones a futuro. Todo el rato está pensando en futuros para tener previstas soluciones a problemas que quizás no sucedan nunca.
De nada sirve preocuparse, luego seguramente pasaran cosas que no has previsto.
Solo tenemos el presente, pensar en lo que hoy sucede y conectar con nuestras emociones son el camino para vivir desde el corazón la experiencia que la vida nos ha traído.
Cuando lo que se mueve en nosotros es tristeza, rabia, miedo, desesperación. Solemos pensar que esto es peligroso y evitamos conectar con las sensaciones.
Las emociones son parte de nuestra naturaleza humana. Si están aquí, con nosotros y nos acompañan toda la vida ¿No crees que será porque nos sirven para algo?
Conectar con ellas y sentir lo que viene nos permite recibir su regalo.
No van a matarte tus emociones.
Creo que entregarnos a ellas, sin miedo, nos permite darnos cuenta de que igual que vienen se van. En el proceso algo sucede en nosotros (no necesitamos entender que es) pero hacen su función y si tenemos el valor de experimentarlas nos daremos cuenta de que, al otro lado de esa experiencia tan humana, está el camino del corazón.