La riqueza de tu esencia te acompaña tanto en los días soleados como en los días oscuros.
Las tinieblas están presentes en algunas etapas de nuestra vida. No se trata de ir a buscarlas pero tampoco de correr aterrorizados cuando las atravesamos.
Cuando vamos en coche y nos encontramos con un banco de niebla, normalmente, levantamos el pie del acelerador y tratamos de no ir más rápido de lo que nos permite ver la escasa luz que emite nuestro vehículo.
¿Qué sentido tendría acelerar para salir más rápido de esta situación?
En esta ocasión vemos, muy claro, que acelerar nos expone a riesgos que no somos capaces de ver o intuir.
La propuesta es recordar la niebla y cómo nuestro instinto nos lleva a decelerar en el camino. Recordar esta estrategia y recurrir a ella cuando nos encontramos en una etapa oscura en nuestra vida.
No se trata de correr, se trata de caminar despacio, para poder ver la poca claridad del momento y, poco a poco, encontrar la luz en la que poder echar a correr.
Paradójicamente, nos acostumbramos a correr en la oscuridad porque nos asusta y a quedarnos tranquilos cuando la luz nos acompaña.
¿Por qué no aprovechar los momentos de luz para avanzar?
¿Por qué no respetar los tiempos en los que transitamos una sombra, una oscuridad?
La riqueza de tu esencia te acompaña tanto en los días soleados como en los días oscuros. Pero cada época de la vida tiene un sentido, un propósito, un regalo que es difícil encontrar si tratamos de evitar los retos y dejamos pasar nuestras etapas de mayor inspiración.
¿A qué velocidad caminas hoy?
¿Tiene sentido con tu momento de vida?
Siempre puedes acompasar tu ritmo y conectar con la experiencia que transitas hoy.
Carina Barberá