Puedes y mereces experimentar tus propios deseos.

Cuando escuchamos a los pájaros cantar es fácil sentir cómo la mente nos transporta a épocas de nuestra infancia, a recuerdos en los que nuestro corazón se sentía en armonía.

En aquella  época seguro que albergábamos bonitos deseos sobre lo que esperábamos experimentar.

Sin embargo, lejos de vivir en el presente, de ese regalo que fue nuestra niñez, nos pasamos todos aquellos años deseando ser mayores.

Mayores para que los mayores dejasen de decirnos qué debíamos hacer.

Veíamos lo que no nos gustaba de ese ser pequeños y dábamos por supuesto todo aquello que nos colmaba de felicidad.

Ahora, que ya no somos niños, debemos cuidar de nosotros mismos y, si bien no tenemos a nadie cerca diciéndonos que debemos hacer, nos acostumbramos tanto a ese recibir orientación que hemos dejado que en nuestra vida adulta otros nos digan qué se espera de nosotros.

¿Qué quieres hacer tú hoy?

¿Qué esperas tú de la vida?

Siempre van a existir personas u organizaciones (más o menos visibles) que, de forma directa o indirecta , nos va  a hacer saber qué esperan de nosotros.

Sin embargo, el radar de nuestra búsqueda debería enfocarse en esa voz interior que también quiere y anhela algo.

Podemos escuchar al exterior pero nos perderemos sin remedio si, antes o después, no conectamos con ese ¿Qué queremos nosotros de la vida?

Puedes y mereces experimentar tus propios deseos.

No dejes que tu existencia se pierda cumpliendo los anhelos de otros.

Deseo de corazón que encuentres tus propias respuestas.

Carina Barberá